ESTA SOY YO

ESTA SOY YO

Por. Lic. en Psicología Cristina Meza Araiza

Ced. 04937

(cel. 6121682929)

Crecí en una familia a la que amo, llena de complejos y frustraciones, por lo que soy parte de ello. Recuerdo que llegamos a esta Ciudad en un gran carro rojo que no tenía ventanas, Econoline, así tenía el nombre en un costado del carro, viajamos de la Ciudad de Tijuana hasta La Paz B.C.Sur, que quizá para ustedes no sea una gran distancia, pero, para mí una niña de 5 años, fue una eternidad, tantas horas adentro de un carro sin ventilación y muy pocas paradas a estirarse. Llegamos a un terreno que parecía monte, una casa, o lo que quedaba de ella, derruida, desolada, recuerdo que le pregunte a mi papá, que era ese lugar, el muy serio me contesto aquí vamos a vivir.

De los recuerdo que tengo de mi vida en Tijuana, recuerdo conejitos, teníamos muchos y eran suaves como el terciopelo, el baño estaba afuera de la casa, bastante lejos para mí, la casa era de madera, al estilo americana, teníamos muchos nopales, lo que realmente no recuerdo si eran de nosotros o del vecino pero, había muchos, un patio muy grande, muchos juguetes y unos deliciosos pasteles de coco que nos llevaba mi papá cuando regresaba de trabajar, él era policía y cuando lo mandaban al otro lado nos traía. A pesar de ser solo una niña de cinco años, cuando nos mudamos de ciudad sentí las diferencias, antes tenía una muchacha que me cuidaba y jugaba conmigo, fiestas en casa con piñatas, un papá policía de las que las vecinas se admiraban, todo eso quedó en el olvido al llegar a La Paz.

La casa no tenía luz, estufa ni nada, recuerdo que nos alumbrábamos con lámparas de petróleo, el comedor no existía, así que mi papa fabricó uno con una tabla grande que recogió de la basura del patio y también dos bancas, una a cada lado de la mesa.

El día que comíamos carne era casi una fiesta, mi mamá compraba gallinas blancas, les torcía el pescuezo, las pelaba y cocinada, es el caldo de pollo más rico que he probado en mi vida.  Época de jugar en la calle con los vecinos, recuerdo tener muy buenos vecinos, y como en todo barrio nunca falta la señora rica, esta  era una familia completa, la señora era muy buena con nosotros, se llamaba Eloísa, a veces me regalaba dulces, creo que era regaliz, de esos palitos de color negro y otros rojos, tenía envases de vidrio y las cosas las daba en conos de papel.

Por la tarde salíamos a jugar y había una niña que se paraba en una esquina, arriba de una piedra y cantaba: Tristes lloran mis cansados parpados al mirar que se apaga la lámpara…Siempre cantaba lo mismo. Esa imagen la tengo en mi cabeza como algo muy lindo, esa época de infancia fue sin duda la más hermosa y yo no lo sabía.

Éramos tres mujeres y un hombre, las niñas estudiábamos la primaria en una escuela pública, recuerdo que mi uniforme no era como el de mis compañeras, mi falda era de tela diferente y tan delgada que necesitaba fondo, la falda de las otras niñas eran de tela muy gruesa, así que no necesitaban fondo, mi blusa blanca era muy delgadita, llevaba una camisetita debajo, la de mis compañeras era diferente, en ese momento no sabía qué, pero miraba las diferencias,  mis zapatos eran muy bonitos pero también diferentes, recuerdo que tenían un elástico para jalarlos y abrochárselos. No es que fuera feo, era diferente y cuando un niño es diferente a los demás, sabemos lo que pasa.

¡Gracias por llegar hasta aquí!  ¿Les gustaría que continuara con la historia? O prefieren que regrese a los temas habituales.

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